Celtas Cortos

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Celtas Cortos es un grupo español de música rock con influencias celtas. Es uno de los grupos nacionales más exitosos de todos los tiempos, como lo demuestra el hecho de que durante su carrera han llegado a vender más de 2.000.000 de copias de sus distintos trabajos.

Biografía de Celtas Cortos

Los inicios de Celtas Cortos se remontan a octubre de 1984 en el Instituto Delicias de Valladolid. En el colectivo del instituto se conocen por primera vez Goyo, César y Carlos. Casualmente, en la misma clase que César y Goyo hay también un tío nuevo de Palencia que siempre se sienta detrás: Oscar. Los cuatro, con cierto interés por la música celta y la música tradicional, se hacen colegas y Oscar se une al trío tocando la guitarra acústica. Al cuarteto también se une el profesor de francés y empiezan a tocar bajo el nombre de Colectivo de Música del Instituto Delicias.

La música que tocan es un estilo folk, con piezas tradicionales bretonas, jigas irlandesas, jotas castellanas y un par de versiones de Gwendal. Al poco tiempo se unen con tres chicas y forman Páramo, un grupo de música castellana que duró poco. Carlos compaginaba el grupo con actuaciones en grupo Almenara, otro grupo de la ciudad, donde también trabajaba Jesús Hernández Cifuentes.

Carlos sigue en Almenara (tocando además la bandurria y el charango) pero el grupo se amplía; entra Jesús Cifuentes (guitarra española y bajo) y colaboran Luis M. de Tejada con el violín y Nacho Castro con la batería. Tenemos en Almenara a cuatro de los que después serán Celtas Cortos.

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CELTAS CORTOS, LOS CELTAS DE LOS 90; MÚSICA DIRECTA A LOS OÍDOS

De tradición trashumante; entre guerreros, caídos en la marmita de la poción mágica de Panoramix, que luchan poéticamente contra las injusticias de la época y druidas que hacen, mediante hechizos, elevarse el espíritu de la guerra pacífica.

De Valladolid de toda la vida, y de un tío de Palencia.

Este grupo de irreductibles pucelanos cantaron y siguen cantando los ideales de una generación a ritmo de folk celta y rock. Piezas tradicionales bretonas, jugas irlandesas y jotas castellanas y un par de versiones de Gwendal, componen parte de su música.

Esta es la historia de una forma de ver la amistad, el amor y la libertad, propia de unos jóvenes que empezaban a fraguar sus notas de metal, cuero y cuerda al ritmo de sus versos melódicos y de sus melodías instrumentales, en el Instituto Vallisoletano de Delicias, en octubre de 1984.

Desde entonces, y blandiendo sus armas de escenario en escenario (gaita, flauta travesera y de vara, whistle y saxo; varios tipos de percusión y teclado; guitarras acústica y eléctrica, bajo y violín), siguen luchando por sus ideales y los de muchos de nosotros.

En sus inicios estaba compuesto por Goyo Yeves, Carlos Soto, Oscar García, César Cuenca y Luis Martínez de Tejada, y se vio incrementado, en 1986, en dos, al unirse Jesús H Cifuentes y Nacho Castro a sus filas (cuatro de ellos salidos del Grupo de Almenara) Desde entonces, se han separado y se han vuelto a juntar, varias veces y por épocas, pero nadie ha conseguido pararles.

Desde entonces esta banda de músicos ha combatido y combate en aquellos y en estos “días inciertos”, a pecho descubierto, sin armadura ni escudo, sobre los escenarios como si de trincheras se tratara, abogando siempre por la libertad de expresión.

Porque que les contaran cuentos nunca fue con ellos, pero sí contar y escuchar las historias propias de los bares donde tocaban y compartían unas birras con los amigos o de los conciertos al aire libre en los que ofrecían su poesía a la naturaleza.

Unos y otros, rituales llenos de música en los rendir homenaje al Pisuerga, al Esgueva y al Canal de Castilla a los sagrados ríos que les vieron nacer y crecer.

Porque “la vida del inmigrante” les llegó al alma, y la de los ejércitos invadiendo países se la partió. Siempre supieron batallar con la talla de su poesía, como si de sutil y delicada orfebrería fueran sus notas; atacando con ella, las injusticias, desigualdades sociales y la falta de libertad de su época.

Lo que está claro es que nunca olvidarán de aquellos tiempos en el que se juntaban todos “los de antes” y de las risas que se hacían entre ellos.

Tampoco de los buenos recuerdos que a día de hoy siguen forjando en su memoria y su corazón. Porque, aunque saborearon la tristeza de amores perdidos en combate, y de momentos en los que la vida te golpea con la virulencia de su realidad, son estos buenos recuerdos los que han hecho que siguieran adelante para seguir llenando sus vidas, las nuestras, de ellos.

Ni nosotros nos olvidaremos nunca de esa puerta, que siempre dejaron abierta, hacia su anarquía utópica particular, para quien quisiera pasar e intercambiar con ellos mediante trueque, narraciones por versos y notas.

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